Ana Julia Niño Gamboa

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©LDF_LA_CIUDAD_VENCIDA_YENITER_POLEO_18112014Febrero, de 1989 o de 1992. Caracas con todos sus íconos: música, colas, violencia en la calle, gobiernos corruptos, ostentosas rumbas, minitecas, estrenos de cine, gente alegre y gente triste, autopistas que en un dos por tres te ponen frente al mar, y todo, todo lo que puede pasar y pasa en una ciudad como esta. En ella, Guaní, un periodista ya casi en retirada y Cariú, una pasante ansiosa de comerse al mundo nos ponen frente a cuentas que sabemos pendientes pero que tratamos de saldar con el olvido.

Pensé que me encontraría con una historia para periodistas. Pero me sorprendí con una novela llena de datos y sentimientos delicadamente hilvanados, sensiblemente tejidos para tender una red que nos traspasa como lectores, que nos mueve como habitantes de una ciudad sacudida por dos eventos violentos que siguen agazapados en nuestra memoria, y que de tanto en tanto vienen a revolvernos a la Caracas de cielos azules y Ávila siempre verde.

Es fácil querer a Cariú, en algún momento me enamoré de Deto, casi pude ponerle voz a ese maniático Guaní, comprendí tanto a Magaly Prieto cuando confirma “no es cierto que el periodismo sea la búsqueda de la verdad; lo que busca es poner en evidencia las mentiras”. En fin, los personajes de Yeniter Poleo existen y con ellos traba una historia cuyos hechos te asaltan para traerte del pasado no superado, y lo hace sin pretensiones moralinas, sin pontificar. Poleo pone en la mesa un tema de ciudadanía que casi siempre consideramos apto para lecciones de escuela pero no como ejercicio reflexivo: lo que no hicimos, la solidaridad ausente, dejamos solos a los familiares con sus dolores, con la muerte, y a muchos, sin sus muertos. Y hoy nos repetimos. Tratamos de huir para volver a la normalidad, dejamos que los gobiernos incumplan con la ética mínima que significa garantizar la justicia y la paz, y no forzarnos a “vivir en un lugar donde las balas obligaran a la conformidad”.

La ciudad vencida más que una novela es un espacio de reflexión y encuentro, o de reencuentros. Es un “coro de voces que celebran sus olvidos con hambre de nuevas rupturas”.

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@Anajulia07 en Twitter

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