.

falkeUna sola escena desnuda la quimera de la última invasión armada al régimen gomecista. Una sola escena da cuenta del espanto: “Son las siete de la mañana. Tenemos dos horas en tierra y Delgado está muerto a diez metros del Puente Guzmán Blanco”. Hace diez años el escritor Federico Vegas, a través de la literatura, le devolvió a la historia del Falke su lugar entre los fantasmas del inconsciente colectivo venezolano. Hoy, una nueva edición (Alfa, 2014) justifica la urgencia de recontar su tragedia.

¿Cuál es el magnetismo del Falke? Por cada arista donde se asome el lector resuenan las diatribas de aquellos expedicionarios: la desproporción entre sus fines y sus medios, el (des)encuentro de la última generación de caudillos con la camada de estudiantes del ’28, el vaivén interior entre modernidad y romanticismo en los jóvenes resueltos a dejar una huella y el convencimiento sintomático en la omnisciencia del dictador. Vegas muestra a Gómez como un amo lacaniano, a quien sólo escuchamos de manera indirecta.

La perspectiva autobiográfica del Falke nos hace empatizar desde el inicio con Rafael Vegas. En su reconstrucción como personaje literario, el novelista Federico Vegas no le insufla a su narrador una dimensión épica que hubiese traicionado la integridad de su legado histórico. Conforme se avanza en el libro, el lector se mimetiza con las pasiones del joven protagonista. Es imposible juzgar a otros personajes como Doroteo Flores o José Rafael Pocaterra, sin afectarse por los prejuicios de Rafael Vegas.

El autor no lo menciona, pero pareciera probable que su protagonista haya leído en París a Proust, ya conocido como autor importante para la fecha de la narración. Eso explicaría no sólo que en las anotaciones del joven Vegas ningún hecho tenga mayor jerarquía literaria que otro, sino también que su constante preocupación por no escribir la totalidad de su experiencia personal durante la aventura. No hay fronteras entre la vida y la escritura en los cuadernos del diarista del Falke.

Mención aparte merece el personaje de Armando Zuluaga, hay en él ese misticismo medieval de los poemas de Ramos Sucre. Podría hacerse un paralelismo entre el fatum del Zuluaga literario y el caballero del poema El Monólogo del poeta cumanés: “… Se ha arruinado con la desdicha y se extravía en medio de las lucubraciones de un entendimiento evaporado”. El carácter de Armando reúne los elementos esenciales del espíritu caballeresco y su muerte es un sacrificio cifrado.

La travesía marítima del Falke se vincula -inexorablemente- a los colores de los mares que cruza. El lector siente la fatiga del viaje junto a los personajes, su desconfianza recíproca. Incluso, siente el temor de verse a la deriva con un estado mayor que todas las noches consulta su destino a los espíritus. Cuando el barco se acerca a Cumaná, la naturaleza del trópico precipita la fatalidad en el destino de cada tripulante. Un siglo antes, Humboldt contempló estupefacto aquel mismo paisaje. Los indios caribes reclutados por Delgado y compañía no eran muy lejanos de aquellos que divisó el naturalista alemán navegando en sus piraguas.

El Falke es una tragedia que la fábrica venezolana de lugares comunes llamaría disparate. Gracias a su lucidez narrativa, Federico Vegas no cae en la impostura y ordena -con un dejo de melancolía- lo sublime, lo solemne, lo irónico y lo banal que hay en toda tragedia. “Acaso no sabíamos que hasta el más cruel y obstinado presente se convierte en pasado” le escribe Gallegos al joven Vegas; en los ecos de estas palabras retumba la inquietante moraleja de este libro imprescindible.

.

@storytellerve09

Storytellerve@yahoo.com

Anuncios