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Configuration du dernier rivageDurante sus estudios de Agronomía en la universidad, el joven Michel Houellebecq ya escribía poemas. Sus introspecciones literarias habían comenzado en su adolescencia, seducido –inexorablemente- por el bosque de símbolos de Baudelaire, tal y como en el pasado también fueron embrujados Verlaine y Rimbaud. Como decía Octavio Paz sobre el simbolista: “Encontrarse con Baudelaire significa encontrarse caído en el pozo de la conciencia”.

Hoy, cuando -a su pesar- es el escritor francés vivo más conocido, Houellebecq regresa al lugar poético, con la reciente publicación de su quinto poemario titulado Configuration du dernier rivage (Configuración del último litoral).

En esta nueva travesía poética, Houellebecq vuelve a meditar sobre la levedad total e irreparable del ser humano, que ha hecho su prosa tan universal: “Viene siempre el momento cuando se racionaliza/viene siempre la mañana del futuro abolido/El camino se resume a una superficie gris/insípida y sin goce, serenamente demolida”. Para extraer el lirismo de esta temática contemporánea, el autor versifica según el rigor de la métrica francesa.

La obra de Houellebecq, testimonia la carencia de toda épica en el presente y la sumisión a la futilidad, como lo refiere en su poema Lado B: “Y luego repentinamente todo pierde su atractivo/ El mundo siempre está allí, lleno de objetos variables/de mediano interés, fugitivo e inestables (…) Este es el lado B de la existencia/sin placer y sin verdadero sufrimiento/salvo aquel debido a la usura/Toda vida es una sepultura…”.

En el poema titulado Un momento de cosmología, se manifiesta la quinteasencia irónica del escritor: “… La nada nos propone una paz relativa/Salvo que imaginemos que vamos a resucitar/resucitar sin conciencia, que nuestros átomos idiotas/repetitivos y redondos como las esferas del loto/van a recombinarse como las páginas de un libro/escrito por un mentiroso/y leído por  cretinos”.

Frente a la disolución de lo humano en el mundo contemporáneo, los poemas de Configuration du dernier rivage, redondean una cavilación sobre el fin: “De qué nos vale la desaparición de los prismas/las cosas se organizan y se configuran/en su simplicidad lateral/Y no es la diversidad orgánica/o las viscitudes del orgasmo/ni la brutalidad del espasmo/lo que podrá alterar la perfección de la técnica”.

La originalidad, para Baudelaire, es el sello que el tiempo imprime en nuestras sensaciones. Este sello en la sensibilidad creadora de Houellebecq, deja heridas que no cicatrizan: “Desaparecidas las promesas/de un cuerpo adolescente/entramos en la vejez/donde nada nos espera/salvo la memoria vana/de nuestros días desaparecidos/un sobresalto de aliento/y la desesperanza desnuda”.

El discurso lírico enfrenta a la voluntad creadora y al estupor, esta es la contradicción de la poesía luego de que la historia se abatió a lo humano. Houellebecq se suma a este anatema, intentar la poesía sin que haya ningún motivo para hacerlo. Queda  el eco de sus palabras pronunciadas desde el pozo de su conciencia, de donde no hay salida: “Habría que atravesar el universo lírico/como se atraviesa un cuerpo que mucho se ama/Habría que despertar los poderes oprimidos/la sed, dudosa y patética, de eternidad”.

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Reseña hecha por @storytellerve09

storytellerve@yahoo.com

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