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la-vida-interior-de-las-plantas-de-interiorEn El cerco, un cruce anaeróbico de situaciones, el argentino Patricio Pron establece una premisa teológica que tiene un sabor a Wittgenstein: “si la Biblia tiene razón y Dios es principalmente una clase de escritor, entonces es uno indiferente a lo que sucede con sus personajes, a los que deja perderse (…) de ser Dios un escritor justo, crearía un cerco de palabras para que sus personajes no se dispersaran (…) y que ese cerco de palabras sería el mundo pero también sería el relato”.

Tal es el primer cuento del más reciente libro de Pron, La vida interior de las plantas de interior (Mondadori, 2013), que ofrece en conjunto un intento de subversión literaria contra los demonios implacables, banales o inverosímiles que subyugan la vida cotidiana.

Títulos expresionistas como Un jodido día perfecto sobre la Tierra, o Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido apuntan la perspectiva de las narraciones del autor. En cuentos como Diez mil hombres o Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas, el mismo Pron hace suya la idea de la desaparición del autor de Roland Barthes, y juega al simulacro asomándose en las entrelíneas de su propio monólogo.

Su técnica discursiva va de lo omnisciente hasta permitirse que las disquisiciones de escritor, sean el propio objeto a ser atestiguado por un narrador encubierto. Los finales de sus cuentos son metáforas de puntos suspensivos que le marcan el sendero al lector, cuando se encuentra frente a frente al significante del protagonista.

La historia titulada En tránsito (cuyo inicio le hace un guiño a Tolstoi) destaca por la intensidad de su pulso poético: “A veces él piensa en ella y se dice que quisiera saber cómo está pero que no va a llamarla y que le gustaría que las colillas, que están apagadas y frías y sucias en el suelo, se encendieran todas de repente como las luces a los costados de una pista de aterrizaje desquiciada al comienzo de un vuelo nocturno…”.

Uno de los puntos clave en la intuición filosófica de Nietzsche, es la observación de uno mismo en el juego estético. En La vida interior de las plantas de interior, Pron se ha contemplado a sí mismo desde los ecos de numerosos Otros que resuenan en su mente; y los ha exorcizado en esta serie de relatos que escribe con la solvencia de quienes han seguido las enseñanzas de los maestros secretos del oficio de narrar; y como él mismo confiesa, de resolver dejarse arrastrar por ese sueño de la literatura “como un mal viento adondequiera que ese viento quisiera llevarme”.

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Reseña hecha por @storytellerve09

storytellerve@yahoo.com

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