Deyanira Diaz

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Plegarias para un zorroMe atrevo a decir algo sobre este libro porque llegó hasta mis entrañas, me hizo sentir frágil por aquellas imágenes de mujeres huérfanas de una figura masculina que las proteja, como a la deriva de conductas instauradas históricamente y que a pesar ser “anómalas” son aceptadas casi como quien entra en complicidad con un crimen que forma parte del día a día. En su libro Plegarias para un zorro, Enza pone en el tapete  algunos desarreglos culturales subyacentes en Venezuela, los cuales son destacados por Mireya Vargas en su libro ¿País en regresión? “Lo que pudieran ser pasiones prohibidas y secretas y hasta movilizadoras, son aquí relaciones “familiares” sin importancia, que suceden por dejadez y falta de estructuras, unidas a un desarreglo y aturdimiento que gravita como ambiente.” Así, podemos leer en el libro de Enza García lo siguiente: “Cuando Ana cumplió quince años, a Stein le faltaban dos para cumplir las cuatro décadas. La relación no tenía nada escandaloso, y por supuesto, el primer hombre de mi abuela había sido ese animal argento que cazaba brujas por las noches. Las hermanas cuentan que los vieron entregarse en el patio.”

En éste libro, la construcción de los personajes es muy cuidadosa, trabajo que Enza García lleva hasta sus últimas consecuencias en el cuento “Andrei Balanescu y los caballos”, cuyos personajes principales son dos gemelos que logra separar a través de la perfecta diferenciación de sus caracteres. Admito que uno de ellos, Lucian Balanescu, me aterrorizó, por su capacidad de hacer daño a otros, recordándome el siguiente extracto de El jugador de Dostoievski “El hombre es despótico por naturaleza y le gusta hacer sufrir.” Es imposible describir el terror que se experimenta al final del cuento, cuando se revela el significado de las palabras con las que la autora inicia el cuento: “Nada es tan seguro como el odio que las cosas dejan a su paso. Nada, y no lo olvides, es más sincero que desear el mal a quienes nos han hecho padecer. Ya aprenderás conmigo, cuando entierre tu caballito en la arena. Empezarás a odiarme con toda la fuerza de tus nobles entrañitas y harás del día una maldición.” esto le dice Lucian Balanescu a su sobrinita de doce años de edad. Yo recomiendo que lo lean y descubran el por qué de mi terror.

Enza García, desarrolla sus historias en Puerto La Cruz, y me atrevería a decir que, consciente de ello o no, explora algunos arquetipos presentes en nuestra Venezuela. Uno de los más predominantes, es el extranjero que viene en busca de un mejor porvenir, pero que nunca se arraiga a éste territorio, un hombre que busca mujeres negras e indígenas muy jóvenes, para satisfacer sus apetitos sexuales, a veces indicando preferencias pedófilas: “Jorge le saltó encima a Moraima, sorprendido en el acto de verse a sí mismo emerger desde el desconcierto y la furia. Le deshizo el moño con dos manotazos, le arrancó los collares y le rompió la bata. Las indias no usaban ropa interior, nunca iban a la ciudad a comprar esas cosas. La piel le brillaba con intensidad y los senos le temblaban. ¾¡Grita, maldita! ¡Grita!” Enza narra en una atmósfera oscura, aunque en algún momento habla de luz, y resalta desde allí, los elementos eróticos, supersticiosos y de suspenso que se van presentando a lo largo de la narración. Hace pocas descripciones del entorno y resalta las acciones de los personajes, su interioridad. Usa un lenguaje muy coloquial, pero a la vez poético y mezcla los tiempos narrativos con mucha destreza.

Cada historia te sacude de alguna manera, ya que fueron escritas con proposiciones al filo de la moral, donde hay cosas prohibidas que se permiten, cosas que se ven y se callan, formas de relacionarse que incursionan en lo profano, describiendo rasgos humanos difíciles de explorar, de exponer y, a veces, hasta de aceptar. Sin embargo, no existen en los textos dilemas morales. Se presentan los hechos de manera imparcial,  y se destaca la inocencia y la fragilidad de las víctimas. No es común el uso de la ironía, pero a veces se encuentran cosas como esta: “Nos enseñan que toda mujer guarda algo sagrado en su cuerpo, y que nosotros, soldados del ángel caído, no podemos permitir que esa ciencia misteriosa se propague como una enfermedad: es menester que la mujer se vuelva terrestre, simple bípeda y potencialmente cuadrúpeda.”

Sé que van a disfrutar la lectura de éste libro, breve, pero intenso.

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@deyanatura en Twitter

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