Dubraska Falcón

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Antes que anochezcaDudé. Lo confieso. Fueron segundos. ¿Mi libro del año? Había leído tanto durante estos 12 meses. Y sí, inmediatamente pensé en Murakami. El 2012 comenzó con sus letras. Pude haberme leído entre tres a cuatro libros suyos durante todo el año. Por eso dudé. ¿Dejarlo por fuera? Me costaba. Pero lo hice. ¡Tenía que hacerlo! La historia del hombre que fue juzgado y encarcelado por ser homosexual y escritor me conmovió. No me dejaba dormir. Soñaba con Reinaldo Arenas. Sentía cada una de las injusticias que contaba en su autobiografía Antes que anochezca.

Pura poesía. En cada línea, en cada palabra, Arenas te metía en la revolución cultural cubana que él vivió. No la utópica. Más bien la que fue capaz de humillar, a niveles asquerosos, al hombre que, en principio, apoyó sus ideas.

Reinaldo Arenas era un apasionado homosexual que no tuvo temor en describir sus actos sexuales con otros hombres en las páginas de su libro. Muchas de esas imágenes convertidas en letras resultan inolvidables. En el prólogo su valentía enamora… de a golpe y con fuerza te arrastra. Te grita: “Me estoy muriendo, tengo sida… y te estoy escribiendo. Quiero que me leas”. ¡Imposible soltarlo! Las primeras páginas son tan duras como cautivadoras.

Tenía seis años cuando se dio cuenta. El roce del miembro de su tío mientras cabalgaban en un caballo, las primeras caricias que recibió de su primo, sus primeros actos con animales, la relación con su madre que había sido abandonada por el padre del poeta.

No importa de qué escriba Arenas en este libro, su prosa te abraza. Te lleva a recorrer sus aventuras con mujeres. Sí, tenía que tenerlas. ¡Debía disimular! Pero este hermoso hombre también cuenta que en unos cuantos meses pudo haberse acostado con más de 500 hombres. Mucho de ellos militares. Incluso te muestra la relación que tuvo con sus amigos/enemigos José Lezama Lima y Virgilio Piñera. Los desnuda, literalmente.

Él también se desnuda. Cuenta cómo tuvo que esconderse dentro de un parque para que no los militares de Castro no lo atraparan. Su delito: ser homosexual. Intenta, sin éxito, escapar de la isla. Este es quizás el capítulo más inquietante.

Tenía otro delito: escribir. Debía esconder sus novelas. La revolución no quería que el mundo leyera sus páginas. Algunas las escribió hasta tres veces, mientras corría para ocultarse.

Nada de esto funcionó. El poeta y dramaturgo fue encerrado en El Morro. Lo acusaron de violar a una anciana. Es imposible describir en estas líneas todo lo que sufrió ahí. Todo lo que vivió. Lloré, fue inevitable. Lloré por él, y por todos los que estaban ahí. Ningún ser humano merece tanta miseria, tantas humillaciones, violaciones. Fue mucho para una sola persona. Tuvo que retractarse de sus ideas. ¡El peor de todos los castigos! Solo así, luego de mucho luchar, pudo burlar a Castro.

“Cuando llegué del hospital a mi apartamento, me arrastré hasta una foto que tengo en la pared de Virgilio Piñera, muerto en 1979, y le hablé de este modo: “Óyeme lo que te voy a decir, necesito tres años más de vida para terminar mi obra, que es mi venganza contra casi todo el género humano”. Su venganza funcionó. Se vengó de todos, incluso de mí. Terminó “Antes que anochezca” días antes de suicidarse.

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@dubraskafalcon en Twitter

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