Carolina Lozada, escritora venezolana autora de:

Memorias de azotea, Los cuentos de Natalia y el libro de crónicas La vida de los mismos. Forma parte del equipo de la revista digital Las Malas Juntas www.lasmalasjuntas.com y actualmente es becaria de la Fundación Bogliasco en el Centro Studi Ligure

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¿Cuál es tu libro del día?

Un perro callejero es adoptado por un científico ruso (burgués) en tiempos de comunismo soviético. Luego de unos días instalado en su nueva casa, Sharik, el perro, es sometido a un experimento para trasplantarle la hipófisis de un delincuente que acaba de morir. Una vez realizada la operación (al mejor estilo del cine expresionista alemán), Sharik sufre una siniestra transformación: deja de ser un perro leal y agradecido y se convierte en alguien con la voz y algunas características negativas del comportamiento humano. Se vuelve un patán, soberbio, agresivo, manipulador, con ínfulas de comisario delator. En las páginas de esta novela uno encuentra guiños que hacen alusión a la época bolchevique.

En la ficción de Mijail Bulgákov, manejada en clave de humor, se asoman los excesos de la militancia totalitaria en un mundo donde la intimidad está invadida por reglas de juego en que el Estado se entromete hasta en el espacio en que habitas. Con esta novela, el autor ruso se burla del “hombre nuevo”, de la disciplina de los patrioteros camaradas de la Unión Soviética. Corazón de perro (escrita en 1925 y no publicada en Rusia sino hasta 1987) es un libro que se actualiza en cada irrupción de modelos y procesos personalistas que pretenden crear sociedades pujantes y felices y no terminan siendo más que infelices copias de un original ya defectuoso y fracasado.

Lamentablemente, Bulgákov no pudo ver el fin del régimen que le arruinó la vida. Y hoy uno lo lee a lo lejos ―viviendo dentro de un intento de versión tropicalizada post post soviética-cubana― y no puede evitar pasmarse entre el asombro, la risa y la impotencia, cuando se topa con un pasaje en el que se muestra una especie de déjà vu, un esto ya lo habían vivido otros:“¿Por qué la electricidad que, si no me falla la memoria, en veinte años se había apagado quizá un par de veces, ahora sufre apagones todos los meses religiosamente”. La literatura, como comprobamos siempre, sigue siendo el oráculo, el ojo eternamente abierto.

¿Algún placer culposo literario?

Me divierte malsanamente la cursilería telenovelera en prosa. Hay textos que parecen escritos con la voz de los clásicos anunciantes de telenovelas venezolanas.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Creo que todo Copi. Su escritura desenfada, su mundo estrafalario, grotesco, vorazmente sexual, me explotó en el rostro. Las viejas travestis, El baile de las locas, La guerra de las mariconas son algunos de mis textos porno-literarios favoritos. Después de leer a Copi comenzó mi búsqueda de autores que hagan de los tradicionales motivos clásicos de la literatura una experiencia menos convencional, más salvaje y disfuncional. En esa búsqueda me topé con Yasutaka Tsutsui y las situaciones intensas y descalabradas que forman sus libros Estoy desnudo y Hombres salmonela en el planeta porno. Y como dejar de lado al muchacho de escenas sucias: Philip Roth.

Eso: Copi, un argentino trasvestido en París, me dio con el látigo y me hizo soltar la carcajada que mantenía reprimida.

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