Alberto Sáez

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“…entonces tuve que callarme y olvidar, siempre he estado tratando de olvidar las cosas que me hieren. ¿Será lo mejor olvidarlas?.”

Victoria de Stefano.

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Venezuela fue un país que no estuvo exento de la ola de problemas políticos durante las décadas de los sesenta y los setenta. En este tiempo la llamada “democracia representativa” fue el primer paso luego de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez para construir las bases de una nueva nación. En esta transición, la guerrilla urbana se convirtió en una fuerza que buscaba reivindicar los valores de la igualdad entre los ciudadanos, hasta que éstos comenzaron a transgredir sus propias normas, generando una lucha armada contra el gobierno que cobró cientos de vidas inocentes. A partir de este movimiento, una corriente narrativa se impuso para dar testimonio de una época que no podía ser olvidada.

El desolvido (1971), de la escritora Victoria de Stefano, que para ese momento firmaba como Victoria Duno, es una novela sobre las guerrillas que cuenta un grupo de  historias de jóvenes en sus intentos por la libertad, que juntas forman un coro de voces que narran la violencia urbana de aquellos tiempos en Caracas. Desde la cárcel, como primer escenario, Fabricio, Marcos, Pascual, Antonio, Ramón, Fragor, Carmen, Isabel y Marcelo, un grupo de militantes encarcelados nos dan testimonios breves, como lo es la memoria, fragmentados y reflexivos, que se van cruzando a través de las páginas donde, ellos, desarrollan un ejercicio mental por no olvidar, por recordar quienes eran antes de unirse a la lucha y quiénes son ahora, mientras las noticias llegan del exterior y la vida entre torturas y tristeza transcurre.

Esta afinada novela no genera en ningún momento un discurso ideológico sobre quién es el bueno o quién es el malo, tan sólo muestra una arista de la historia de las guerrillas en Venezuela. Y es así como debe reflexionarse sobre la violencia, sin ponerse del lado de nadie porque se puede pecar de subjetivo: los muertos que para algunos son héroes, para otros son villanos. Y eso se respeta.

Sin duda El desolvido (1971) es un libro vigente con los años, que nos enseña que más allá de lo que hagamos y lo que defendamos, no perdemos la condición primaria que nos caracteriza: el ser humanos.

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@estonoesaqui en Twitter

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