Héctor Torres, escritor venezolano autor de:

El amor en tres platos, (Editorial Equinoccio 2007), La huella del bisonte, (Grupo Editorial Norma), El regalo de Pandora, (FB Libros 2011), Caracas muerde, (Ediciones Puntocero 2012).

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¿Cuál es tu libro del día?

No es uno sino dos: Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett, y Diario de invierno, de Paul Auster. Y son dos porque los leí a poca distancia de tiempo entre uno y otro y porque representaron el doble placer de volver al género de la autobiografía, permitiéndome disfrutar de dos testimonios honestos y valientes a la hora de exponer aspectos incómodos de la vida, sin poses, moralinas ni exhibicionismos narcisos.

Pero las similitudes de estos textos no se reducen a esa honestidad con la cual ambos personajes cuentan sus vidas, sino que además se trata de dos hombres a los que une el hecho de que los accidentes, dolores, culpas y frustraciones de la vida, lejos de producirles resentimientos, los iluminaron con la certeza de que ese camino que les tocó atravesar, sin mapas ni instrucciones, tiene una salvaje belleza que básicamente ha producido como resultado una inmensa gratitud y un deseo de reconciliación con la vida. Y lo reconocen sin pudor, lo cual exige mucha personalidad en una época en que la felicidad está tan desprestigiada.

¿Algún placer culposo literario?

No tengo placeres culposos cuando leo. Usualmente leo lo que me gusta, sin pudor ni cargo de conciencia. Si un libro me atrapa poco me importa si está bien o mal visto, o si ha sido desterrado del selecto canon de académicos y críticos. Igual sucede a la inversa: puedo reconocer en público y sin ningún pudor aquello que no me produjo placer al leerlo, por muy prestigioso que sea. Hay lecturas para las cuales no nos ha llegado el momento para que ese encuentro sea feliz.

La lectura es placer y en nuestra relación con ella si algo debe privar es la honestidad. Negar un libro que te proporcionó momentos felices es como negar un amigo por conveniencia.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

A muchos libros les ha tocado ese feliz rol de ser maravillosos puentes que marcan un antes y un después en mi vida como lector. Son esas experiencias que destacan porque me hicieron mejor persona, porque me deslumbraron, porque lograron embrujarme con su universo particular o porque estremecieron mi visión del mundo. Son esos libros que he podido leer en medio de una multitud sintiéndome absolutamente solo ante el hallazgo. Esos que me hacían levantar la vista de cuando en cuando y ver a mi alrededor sintiendo que la vida como la había estado viendo no tiene sentido, que algo no estaba viendo que en adelante sí.

Entre esos libros podría mencionar: Ficciones, de Jorge Luis Borges; El enterrador, de Thomas Lynch; La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz; Los detectives salvajes, de  Roberto Bolaño y La mujer que se estrellaba contra las puertas, de Roddy Doyle, entre los que vienen con facilidad a mi mente, aunque la lista es más amplia.

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@hectorres en Twitter

 

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