Lo dijo Jorge Volpi: “Seamos radicales: la literatura latinoamericana ya no existe”. El paradigma de los escritores nacidos en América Latina luego de la década de los ’60 –sostiene el mexicano- no es inventar un concepto de lo latinoamericano, sino descifrarlo: “trazar un holograma: novelas que sólo de manera oblicua, confusa y fractal, desentrañan el misterio de América Latina”.

Norte, la nueva novela del boliviano Edmundo paz Soldán, graba nuevos registros en este holograma a partir de la recreación literaria de dos mexicanos que se colocan en las antípodas de lo humano: un artista ingenuo y un asesino en serie. Ambas historias convergen en un tercer relato ficticio, sobre una doctoranda –boliviana- en literatura hispanoamericana que abandona la academia para dedicarse a la escritura de comics.

La trama de Jesús está pintada con trazos fauves, dejando al lector urgido. El autor lo muestra como un personaje aciago y desplazado, quien como demiurgo de la tragedia, consigue visibilizarse como el railroad killer. Su precaria ortografía es suficiente para dejar hablar la ira que le habita. La narrativa de la estancia de Jesús en la cárcel de Starke, convierte la literatura de Paz Soldán en una inquietante disquisición antropológica; y es, tal vez, lo mejor de Norte.

Ubicada en otro plano cronológico, Paz Soldán presenta la soledad que le fue impuesta a Martín Ramírez por el discurso de la clínica psiquiátrica. Desprovisto de su condición de sujeto, Martín encuentra en la pintura un modo de no perder las huellas de sus pasos en el confinamiento. Finalmente, Michelle, la incipiente escritora de comics, es el pretexto del escritor para rumiar los mitos de los escritores latinoamericanos en Estados Unidos: exotismo, visión subalterna, la obsesión de estandarizar a Bolaño con Jack Kerouac, el agotamiento de la academia como productora de conocimiento y en su lugar la instalación de lo meta como legitimidad de la propia referencia.

En esta novela de Paz Soldán, Latinoamérica ha dejado de ser un pueblo al sur de los Estados Unidos, y se ha instalado allí de manera orgánica. No hay más utopías, solo entropías de reflejos cruzados. Los personajes de Norte viven en Estados Unidos, sin que quede claro que allí sea donde pertenezcan. No en términos geográficos, sino en el modo vital de la trascendencia. “Ganaba más que allá, pero a cambio vivía una vida de sueños escasos” – resume genialmente uno de los personajes.

Norte recarga el holograma espectral del desarraigo y lo híbrido como catalizadores de lo latinoamericano. Paz Soldán no fijó estrategias de salida a las desesperanzas de sus personajes; y parafraseando de nuevo a Volpi, no hay nada que lamentar por ello.

 

Reseña hecha por @storytellerve09

storytellerve@yahoo.com

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