Miguel Gomes, escritor venezolano autor de:

La cueva de Altamira, Alfadil Ediciones (1992), Un fantasma portugués, Otero Ediciones (2004), Viviana y otras historias del cuerpo, Editorial Mondadori (2006), Viudos, sirenas y libertinos, Editorial Equinoccio (2008).

 

¿Cuál es tu libro del día

La correspondencia de Fradique Mendes de Eça de Queirós. Es el libro que he releído completo más veces (unas dieciséis, si no pierdo la cuenta). Está escrito con el tipo de ligereza que solo es posible cuando se es inteligente y además se es capaz de componer historias muy serias y hasta trágicas (por ejemplo, Los Maia o El primo Basilio). Fradique es un dandy que en sus cartas hace de crítico literario y cultural caprichoso, aprovechando la oportunidad para contar también anécdotas sin desperdicio. El  libro fue publicado en 1900, pero las cartas y otras secciones que lo integran aparecieron lustros antes, en la prensa. Una de ellas, la número VIII, inspiró a Pedro Emilio Coll una variación brevísima conocida como “El diente roto”; estoy casi seguro de que el hábil uso del ritornello, de frases irónicas y caricaturizadoras repetidas, fue calcado igualmente por Bryce Echenique en uno de sus cuentos: “Baby Schiaffino”.

¿Algún placer culposo literario?

A la hora de organizar mi biblioteca pongo juntos los libros de autores que sé que se odiaban o se odian.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Ethan Frome, una novela breve de Edith Wharton. Es la exploración psicológica de un personaje más exhaustiva y a la vez económica que recuerdo, y traza una secuencia que va de la tentación erótica prohibida a la culpa, al arrepentimiento e, inmediatamente, al castigo por lo que nunca, en realidad, ha llegado a pasar. Lo mejor de la novelita es la amargura irónica del narrador, que sitúa todos esos estallidos emocionales y existenciales (que acaban en nada) en un pueblito perdido y ficticio de Nueva Inglaterra, casi permanentemente sepultado por la nieve, como un Purgatorio blanco. La herida del protagonista es la de todos los seres humanos, que vivimos desgarrados entre la acción y la inacción. Una experiencia tan vasta Wharton la captura en menos de cien páginas. Leyéndola aprendí a detestar la incontinencia literaria, en particular la de las obras que pretenden ser “totales” y creen que lo serán acumulando cientos y cientos de páginas.

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