Se cometieron errores es el título de la autobiografía de Patty Berglund, el personaje más logrado de la novela Libertad de Jonathan Franzen. Estratégicamente aparece inserta como el segundo capítulo del libro, cuyo inicio retrata a los vecinos de Patty intrigados por las causas de sus insoportables buenas maneras. La transición de la mirada del otro a la propia, tanto en Franzen como en la vida, produce vértigo.

Libertad busca que sus lectores, precisamente, padezcan de manera inexorable las contradicciones de sus personajes, de manera que estén enterados de los móviles que desencadenan sus elecciones morales. Lo que corresponde a la compasión según Schopenhauer. Cuando Joey Berglund busca entre sus desechos corporales su anillo conyugal, en plena sesión de adulterio, el lector está en pleno conocimiento de su historia y siente, con delicadeza, compasión por el sujeto.

Franzen usa referencias “espejo” en su tono narrativo. Patty Berglund es una incipiente lectora de La Guerra y la Paz y se compara a su heroína. De Tolstoi rescata el autor la esmerada descripción de la vida ordinaria en sus novelas. Pero también hace suyo, para bien y para mal, las aspiraciones pontificales del novelista ruso. Franzen nos exhorta a aceptar como válida la visión liberal de la sociedad y a repudiar el conservadurismo político, de la misma manera que Tolstoi sermoneaba en sus novelas. Esta diferencia entre el escritor y el activista, explica porque Libertad cause impresiones tan disímiles.

Las cimas y los abismos en la vida de los Berglund y el resto de los personajes de Libertad, tienen la meta clara de representar la modernidad en toda su ambivalencia. Como sostiene Marshall Berman, ser moderno es encontrarse en un entorno que promete poder, conocimiento y transformación, pero que al mismo tiempo amenaza con destruir la totalidad del ser. La línea argumental de Libertad demuestra con suficiencia esta angustiante premisa, aunque el autor sea benevolente con la oscuridad de sus personajes.

En un mundo donde la realidad cabe en un breaking news, las emociones en un estatus de Facebook y las opiniones en 140 caracteres, Franzen apuesta a las grandes narraciones literarias. Su lenguaje es naturalista más que poético, político más que novelesco, pero la fuerza vital de su historia cautiva desde la primera página. Las diatribas de la juventud y la adultez concurren en toda su candidez y horror. Sus personajes son tan parecidos a sus lectores que, como un terapista, Libertad incita a mirarse en retrospectiva y decir con Patty Burglund: “Bienvenido a Pattylandia. El reino de los errores”.

 

Reseña hecha por @storytellerve09

storytellerve@yahoo.com

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