Jose Urriola, escritor venezolano autor de:

Chupetes de luna, Thule ediciones (2012). Lleva el blog http://joseurriola.blogspot.com/

 

 

 

¿Cual es tu libro del día?

Principiantes de Raymond Carver (Anagrama, Colección Panorama de narrativas, 2010). Es un libro de relatos que se me antoja pertenecen a una extraña categoría caracterizada por una contradicción, por un oxímoron fascinante: el costumbrismo fantástico. Allí Carver, sin florituras, sin adjetivaciones innecesarias ni anestesias parte de simples escenas de la cotidianidad pero las convierte en explosiones y mazazos que te estallan en el cerebro. Es como si se pudiera reproducir un hongo atómico pero en su versión casera, en la intimidad de nuestra sala o en la habitación. Son una cosa mínima pero prodigiosa, trascendente, de gran poder significativo. Los relatos de Principiantes parten de una conversación de hombres de a pie en una barbería, o de una escena de pesca entre un padre y su hijo, o de una sencilla sobremesa entre dos parejas que se cuentan sus vidas, o del sentimiento de remordimiento que asfixia a un hombre después de una infidelidad… y a partir de esos fragmentos de cotidianidad comienza a tejerse un universo lleno de vértigo, de hermosura, de horror y sorpresa, todo a la vez; coronados con unos finales que son la cosa menos parecida a un final y que precisamente por eso dejan al lector devastado y sin aliento, intentando cazar una de esas ramificaciones abiertas por Carver para construir mentalmente otras historias y posibles desenlaces. Son espacios cerrados pero de máxima apertura.

En Brazil, la película de Terry Gilliam, hay una secuencia donde la madre del protagonista se sienta a cenar en un restaurant tocada por un curioso sombrero que tiene forma de zapato. Esa imagen me parece una metáfora perfecta de los cuentos de Principiantes: Carver es un mago haciendo esos zapatos que sirven para ponérselos en la cabeza y también haciendo sombreros que calzan misteriosa y perturbadoramente en nuestros pies.

Últimamente, en conversaciones con amigos escritores, se ha hecho frecuente el comentario de que las editoriales cada vez parecen estar menos interesadas en publicar libros de relatos, “que eso no vende”, por lo que prefieren las novelas. De ser cierto ese panorama que avizoramos, significaría una verdadera lástima y una tragedia. Los libros de cuentos son necesarios, fascinantes y valiosos. Y pensar en Principiantes de Raymond Carver me hace pensar en un segundo libro del día, otra obra compuesta de relatos repletos de hongos atómicos caseros y de magistrales zapatos que sirven para ponérselos de sombrero o guante: La máquina clásica de Roberto Echeto.

¿Algún placer culposo literario?

No, la verdad es que mis “culpas literarias” las cargo y asumo con mucha honra. Soy lector asiduo de ciencia ficción, de cómics, novelas gráficas, libros ilustrados, de mucha de esa literatura considerada por algunos como “menor” comprendida en los libros para niños y jóvenes. Con toda desvergüenza y convicción soy capaz de elevar a obras y a autores de las narrativas gráficas y la Literatura Infantil y Juvenil a las alturas de un Borges o un Hemingway. ¿Es eso criticable o incorrecto? Pues, si lo es, tendré que confesar que me gusta estar en el camino de lo indebido.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Tendría que mencionar 3 libros:

Crónicas marcianas de Ray Bradbury: Fue un regalo de mi padre cuando yo tenía 15 años. En ese entonces yo era ya lector asiduo de ciencia ficción pero aún no había tenido el placer de enfrentarme a un autor del género capaz de derribarme las defensas no sólo del cerebro sino las del alma. Llegó Bradbury con sus Crónicas marcianas y allí encontré el paquete perfecto, el de una ciencia ficción entrañable. Se despertó entonces en mí una gana aún superior a la de jugar al fútbol, yo quería leer –y con suerte escribir algún día– cosas como esas.

La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares: Es un libro al que he vuelto varias veces a lo largo de las diversas etapas de mi vida. Siempre resulta una experiencia distinta pero también siempre fascinante. Descubrir en La invención de Morel esos elementos de la literatura fantástica pero elevados al nivel de la gran literatura, de la mano de ese maestro descollante que es Bioy Casares –y además en la propia lengua, sin el filtro de la traducción– es algo que me hizo y me sigue haciendo pensar: por aquí van los tiros de lo que me gustaría promover y hacer con respecto a la literatura.

Plataforma de Michel Houellebecq: Es de esos libros magistrales que a mí, en lo personal, me potencian inclementemente las ganas de leer y también las de sentarme a escribir. Es una novela deliciosamente escrita y estructurada, una suerte de mamarrachada sublime, repleta de decadencia y belleza, también de erotismo, patetismo y desencanto; y en medio de ese asco contemporáneo florece el amor. Gracias a esa lectura de Plataforma, que funcionó como un terremoto interior para mí, tomé hace unos años una decisión: basta ya de pensar “algún día voy a escribir mi propia novela”, siéntate ya de una buena vez a escribirla y déjate de procrastinar y de tanta planificación sin concreción. Así pues, terminada Plataforma, me dediqué a escribir Experimento a un perfecto extraño, novela que con el favor de las Moiras será finalmente publicada por Sudaquia editores a finales de este año.

 

@Jsurriola en Twitter

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