Lena Yau, escritora venezolana:

Fungió como asesora literaria del libro El sabor de la eñe, publicado por El Instituto Cervantes, lleva el blog: http://milorillas.blogspot.com/

 

 

¿Cual es tu libro del día?

Leo El esquizo y las lenguas de Louis Wolfson. (Le Schizo et les langues, Louis Wolfson. Preface by Gilles Deleuze. Gallimard). Un libro que más que leerlo se desentraña. Supe de él a partir de una reseña escrita por Paul Auster para The New York Review of Books (One-Man Language, 6 de febrero de 1975). Un libro inquietante en el que Wolfson, esquizofrénico y estudiante de idiomas (francés, alemán, ruso y hebreo) crea un lenguaje  cifrado para defenderse de su lengua materna (inglés). Combate el inglés hablado con tapones en los oídos y el inglés escrito con libros en idiomas foráneos que se coloca en la cabeza o que usa como cojines. Esa obsesión lingüística se refleja en su ingesta. La alacena es una amenaza: víveres contenidos en cajas, latas y bolsas que exhiben impúdicamente palabras en el idioma que tanto odia el escritor. Wolfson describe cómo logra entrar en la cocina: grita una suerte de conjuro en el idioma de su invención mientras usa un libro como escudo protector. El autor pasa del atracón al ayuno con la culpa de fondo. El esquizo y las lenguas es una fascinante autobiografía escrita desde el extrañamiento, la distancia y la defensa que otorga el uso de la tercera persona.El libro está escrito en francés y no es traducible. Después de dos años de búsqueda, lo encontré en una librería de la Universidad de Lovaina.

¿Algún placer culposo literario?

Literario, no. Leo con placer y culpa el papel couché, la crónica roja, los obituarios y las esquelas mortuorias. He establecido rutinas para esas lecturas. No puedo evitarlas, las necesito, forman parte de mi día. Intento mitigar la culpa convenciéndome de que son fuentes, espacios que encierran historias no contadas. Y lo son. Pero la culpa siempre está, mientras leo no puedo dejar de pensar: los diez minutos que le estoy dedicando a esto podría invertirlos en el libro de Seamus Heaney que me espera en mi escritorio.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Muchos. La obra de Roland Barthes porque me abrió las palabras, me reveló los ríos subterráneos que corren dentro de ella. Barthes por Barthes, especialmente.

La obra de Eugenio Montejo porque es una invitación a la escritura. El cuaderno de Blas Coll, en particular.

La obra de Juan Gelman porque conjuga lenguas, exilios, hambres, mesas, tierras. Destaco Dibaxu, por el ladino.

Todos los libros Juan Carlos Méndez Guédez porque leerlo es el mejor taller de escritura.

Pero si tuviera que escoger uno solo, diría que el libro que marcó un antes y un después en mí es La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro. Leer los diarios de Ribeyro me llena de electricidad, me quita el sueño, me regala ideas, me obliga a escribir. Porque después de cada lectura que hago de él entiendo que la vida es escritura.

 

@LenaYau en Twitter

 

 

Anuncios