Liliana Lara, escritora venezolana autora de:

Los jardínes de Salomón, Colección Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (2008)

 

 

 

¿Cuál es tu libro del día?

En estos momentos estoy leyendo La casa de Ottro de Marcelo Cohen y estoy disfrutando de cada segundo de lectura. Marcelo Cohen se inventó un continente, El Delta Panorámico, y ha situado una gran cantidad de sus novelas en las islas que se encuentran en ese gran delta. En la novela que estoy leyendo, además, Cohen inventa todo un sistema político futurista del que nos vamos enterando a través de una narradora quien ha sido la ideóloga de Ottro, un eminente político que acaba de morir y que le ha dejado la incómoda obligación de inventariar y darle uso a la cantidad de objetos que están atiborrados en su casa. Una casa, dicho sea de paso, que no tiene planos, llena de pasadizos, buhardillas, sótanos y secretos. A través de los objetos nos vamos enterando de la vida del político, de los recovecos del poder, de las ramificaciones de las doctrinas políticas, de las posturas de sus adversarios; pero también nos enteramos de la vida de la protagonista. En la casa se van anidando, además, una serie de personajes que prometen que habrá mucha acción en lo que me falta por leer del libro.

Para inventar un continente, Cohen inventa un lenguaje y creo que eso es lo que más me apasiona de este autor. Una lengua basada en la extrañeza, en la metáfora inesperada, en la imagen perturbadora. Un autor que no le teme a los adjetivos y que enlaza con pericia la poesía y la peripecia.

¿Algún placer culposo literario?

El más culposo de los placeres literarios fue el que me abrió el camino a la lectura “de verdad”. Yo tendría unos 11 años y el libro que leía a escondidas se llamaba Carrie, de Stephen King Lo leía muerta de miedo, placer y culpa. Culpa porque mi papá me había dicho que mejor no lo leyera, que esperara a ser más grande. Placer porque la historia me tenía totalmente atrapada y porque me regocijaba con la venganza de Carrie.  Miedo porque la novela está armada a manera de archivo: con supuestos recortes de periódicos, artículos, fragmentos de diarios y entrevistas. A los 11 años yo no podía distinguir si ese libro estaba basado en un hecho real o era ficción y eso me inquietaba.

Creo que hoy volvería a leer a Carrie sin ninguna culpa, pero si con mucho placer y tal vez con cierta cantidad de miedo. Ese miedo añejado que se despierta cuando nos reencontramos con las cosas que nos solían asustar cuando éramos niños.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Este es el tipo de preguntas que se pueden contestar de muchas maneras, dependiendo de la época en la que sean preguntadas y con una cantidad de libros sumamente variable. Sin embargo dentro de esa inestabilidad, en mi caso hay ciertas constantes como por ejemplo La ciudad ausente y Prisión perpetua de Ricardo Piglia. Dos libros que me mostraron una manera de ver lo real desde los márgenes que a mí particularmente me encanta, así como la belleza de la anécdota movediza y del narrador como investigador de una realidad imposible de asir.

Pero también han sido cruciales para mí Véase amor, de David Grossman, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y todo lo que he leído de Alvaro Mutis.

 

@lalilianalara en Twitter

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