Nelson Rivera

 

A la pregunta por el lugar y el tiempo en que ocurren los hechos que constituyen esta narración, habrá que contestar que los mismos se desarrollan, en sustancia, en el debate entre ficción y realidad. Permítame el lector afinar mi sugerencia: la historia triangular que une al coronel Georgiev Liuben, al doctor Stefan Ficev y a la esposa de éste, tiene lugar en algún lugar de Bulgaria, en 1879, pero también, como resultado de un juego de incalculables pliegues, en Roma, solo que cien años después. Este dato, no se refiere de forma exclusiva a un posible artilugio de lo temporal y lo espacial. Es mucho más que eso: nos remite a un procedimiento de fascinantes sutilezas: al suave, delicado vértigo donde la realidad y las apariencias se unen y separan en atractivo ejercicio.

Una canción del ser y de la apariencia (Ediciones Siruela, España, 2010) puede leerse como una invención de carácter confesional, que Nooteboom ha urdido para poner en vitrina los secretos de su operación creativa. También, con un leve desplazamiento de la atención, podría parecer como la lucha por dotar de realidad, lo que no es más que la leve e informe materia de la que se alimentan los narradores: la imaginación: “Si había una forma de poder para describir el físico de las personas que no existían (para dar un físico a personas que no existían) desde una visión interior, imposible de verificar, entonces el punto culminante de ese poder era dar un nombre a esos personajes que no existían como si estuvieran realmente inscritos en el registro civil”.

Pero quizás este hermoso y breve libro, obra de un autor en las proximidades de sus 80 años (Nooteboom nació en La Haya, en 1933) es un homenaje al asombro, a la infinita potencialidad de la ficción. Aún cuando el propio autor deviene aquí en personaje aparente y real a un mismo tiempo, es decir, aún cuando Nooteboom juega con su propia figuración en el relato, lo que nos devuelve a la aparente primacía del autor sobre la historia y sus personajes, hay un algo mágico en la lectura de Una canción del ser y la apariencia, una reverencia, un testimonio que quisiera nombrar con la palabra humildad.

Dice Péter Esterházy (escritor húngaro, autor de obra disruptiva y circunvalar que merece la atención de lectores de espíritu permeable) en el prólogo de esta breve narración, que el gran talento de Nooteboom reside en su “sentido de las proporciones”. Creo que desde la desmesura de su aparato creativo  (su obra es una genial hipérbole de lo biográfico y lo histórico), Estérhazy atraviesa la diana: la poética de Nooteboom es esa naturalidad con que su maestría de narrador nos asoma a lo grande y a lo pequeño, al detalle y a lo sagrado, a la visión irónica del mundo pero también al lugar donde Dios nos espera.

@nelsonriverap en Twitter

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