Nelson Rivera

Trepa en instantes sobre los instrumentos del lector, los deja atrás casi sin consideración (me refiero a los distintos recursos que utilizamos los lectores para mantener un cierto control sobre lo que leemos) y se instala en el ánimo, en el estado de ánimo de cada quien, como si ninguna otra facultad fuese necesaria para leerlo. Diré: menos una lectura y más una experiencia de las emociones.

Extrema parquedad, extrema intensidad: uso mínimo de palabras y varios centenares de imágenes en blanco y negro, así como una recurrente gama de grises son los escuetos recursos con los que David Small, maestro de la elocuencia, construye su autobiografía gráfica.

Stitches. Una infancia muda (Random House Mondadori, España, 2010) constituye el regreso a la esencialidad de lo traumático. Nada distrae al autor del cauce propuesto: dar cuenta de una infancia sellada por lo terrible, narrada sin eufemismos. La madre, el padre y una de las abuelas son las oscuras potencias que reducen la existencia del niño a silencio (a vida en condición de mudez). El talante de la solución gráfica con la que Small escenifica los que deben haber sido los peores momentos de su vida es sombrío y siniestro, plomizo y temible, como si las vidas de todos estos seres hubiesen tenido lugar en las fronteras de una inevitable malignidad.

Viven en Detroit. La narración comienza cuando David tiene seis años. Su padre es radiólogo y le aplica radioterapias para el tratamiento de sus afecciones en los senos paranasales. David visita el hospital, recorre sus pasillos desconcertantes, abre puertas sin imaginar lo que encontrará del otro lado. Durante una visita a su abuela materna en Indiana, un incidente tiene como resultado un cambio sustantivo en su visión de los hechos: el niño reconoce la existencia de dos puntos de vista, el suyo y el otro: el peso de la complejidad del mundo toma un lugar en su vida para siempre.

Si toda autobiografía deja al descubierto una lógica interior de descubrimiento (de lo que podríamos denominar ‘los secretos de la vida’) y desplazamiento (porque estas revelaciones desplazan al sujeto a una nueva condición), la de David Small parece operar bajo una secuencia distinta: a los descubrimientos le siguen hundimientos, desmoronamientos.

David Small nació en 1945. Stitches salió a la calle el 2009. Su autor, ahora convertido en popular y premiado autor de literatura para niños, cierra su libro con dos breves textos que se refieren al destino de sus padres. Digo que hay en este gesto algo de sanación, de salvación personal. De visita a su página web encontré una fotografía que me produjo alivio: Small aparece delante de un grupo de niños que lo miran subyugados, mientras les explica cómo hacer el trazo de una cara que sonríe.

@nelsonriverap en Twitter

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