Juan Carlos Méndez Guédez escritor venezolano, autor de:

Árbol de luna, Editorial Lengua de trapo, (2000), Una tarde con campanas, Alianza editorial (2004), Hasta luego, Míster Salinger, Editorial Páginas de espuma, (2007), La bicicleta de Bruno, Ediciones B (2009), El libro de Esther, Cooperativa Editorial  Lugar común (2011), Chulapos Mambo, Casa d Cartón Editorial (2011)

¿Cual es tu libro del día? 

Ahora mismo estoy leyendo “Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin” de Vladímir Voinóvich; una novela publicada por Libros del Asteroide. Se trata de una novela satírica, feroz, divertidísima, un poco en la línea de “El Maestro y Margarita” de Bulgákov, o de “El Buen soldado Schwejk” del checo Jaroslav Hasek.

Un hombre torpe, inmerso en una maquinaria militar, recibe una absurda misión, cuidar un avión en una aldea perdida. Y mientras tanto la historia europea está sufriendo una gran sacudida. Es el tipo de historias que me encantan. La pequeñez del individuo frente a los grandes sucesos, la micro historia que él logra desarrollar a su alrededor mientras el universo se desploma.

Entiendo que Voinóvich no pudo publicar esta novela hasta que cayó la dictadura comunista y no me sorprende en absoluto. Es un libro que desde la risa desenmascara el horror de una tiranía, el absurdo de un sistema económico negligente, donde el estado todo lo controla, y donde las vidas de las personas se encuentran signadas por el miedo y la figura omnipotente de un gran líder.

¿Algún placer culposo literario?

Durante un tiempo oculté como un inconfesable secreto que me saltaba los trozos de los libros que no me interesaban. Luego supe, creo que lo dijo Bayard, que un buen lector es quien arma su propio libro y sin culpa ninguna se salta aquello que no le interesa.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Son muchos. Tenemos muchas vidas contenidas dentro de la apariencia de una vida única. En la infancia hablaría de “Tom Sawyer“. Creo recordar que lo leí quince veces. No sabría decirte las razones. Supongo que era como una ampliación de la vida. Esa novela  enfrentaba a la posibilidad de una existencia casi salvaje, lúdica, aventurera.  Un poco mayor recuerdo “Piedra de Mar“. ese desparpajo, esa ternura, esa torpeza, sentía que me hacían colocar levemente los pies sobre mi propio mundo. Te mencionaría luego “Percusión” de José Balza. Allí encontré el sentido profundo de lo que es la escritura, la invención, el poder imaginativo de una inteligencia que recorre el mundo buscando su sentido. Y por último, hablaría de “La vida exagerada de Martín Romaña“: una fiesta del lenguaje, del humor, de la amistad, de lo amoroso; un personaje inolvidable, unas historias que se mueven en la frontera exacta donde la emoción es literatura y la literatura es emoción.

@mendezguedez en Twitter

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