Eduardo Sánchez Rugeles, escritor venezolano, autor de:

Blue Label / Etiqueta Azul, Los Libros de El Nacional (2010) ganadora del Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, Transilvania unplugged, Editorial Alfaguara (2011), Los desterrados, Ediciones B (2011)

¿Cuál es tu libro del día?

Acabo de terminar de leer “El pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami. Murakami es un autor que me perturba, el poder de seducción que tienen sus páginas ha motivado múltiples trasnochos. Hasta hace unos meses, solo había leído “Tokio Blues”. La novela me gustó mucho pero no llegó  a establecer una relación de adicción o dependencia. Recientemente, en una librería abrí por curiosidad “1Q84”. No pude parar. Lo compré y me lo tragué en dos noches. Tengo y Aomame, los protagonistas, me cautivaron por completo. Mi lectura coincidió con la aparición del tercer libro. Lo leí con ansiedad y gula. “1Q84, 3” no me gustó tanto; no llegó a decepcionarme pero sí bajó la intensidad de las primeras entregas. Hay una escena en particular: el encuentro de Tengo y Aomame en el  tobogán… Hermoso. Valió la pena. Comencé, entonces, a padecer la Murakamitis. Me fui una librería, le eché un ojo a varios de sus libros. Leí el inicio de “El pájaro…” y me encantó. Me tragué setecientas páginas en pocos días. Durante esa experiencia me tropecé con Ushikawa, personaje de “1Q84”, quedé prendado de May Kasahara y mortificado por los secretos de Kumiko. Me gusta mucho lo que Murakami hace con la ficción o, específicamente, lo que le hace a la ficción: el desdoblamiento de los espacios, del tiempo. Las acciones humanas parecen desarrollarse dentro de una especie de Matrix romántica.

¿Algún placer culposo literario?

Actualmente, no. Procuro leer un poco de todo y, la verdad, ninguna lectura de afición me produce vergüenza. Músicalmente, sí tengo más de un placer culposo -muy culposo- pero literariamente no tengo nada que ocultar. Cuando era chamo leía con desesperación los  melodramas de V.C Andrews o los bodrios de Sidney Sheldon. Poco a poco, abandoné esas lecturas que, aunque sé que hoy día despreciaría visceralmente, recuerdo con mucho afecto.

¿Un libro que haya marcado un antes y un después?

Te citaré tres: “Un puente sobre el Drina” de Ivo Andric; “Vida y destino” de Vassili Grossman y la saga de las novelas de “Maqroll El Gaviero”, de Álvaro Mutis. Estas tres experiencias lectoras, sin duda, representaron un antes y un después. De Andric valoro la vivacidad de los espacios, la capacidad del autor para exponer un entorno social alrededor de un único motivo: el puente. Andric describe geográfica e históricamente Visegrad en torno a este objeto que articula, define y humaniza a todos los habitantes de esa ciudad. La complejidad humana de los personajes intimida, conmueve, ofende. Esa dimensión humana-trágica es la que valoro y subrayo en las novelas de Vassili Grosman, en particular, “Vida y destino”. Esa novela es un desgarro brutal, un contrapunto excelso entre la virtud y la vileza, entre la belleza y la vulgaridad de los seres humanos. La carta de la madre del protagonista, casi al inicio… atroz, fulminante, una bala en el estómago. Un texto para ir y volver, para catar. Un heredero honorable de la tradición decimonónica rusa. Y, finalmente, Mutis. La prosa de Mutis es de una belleza poco habitual… las mujeres de Mutis, la hidrografía de Mutis, la América de Mutis. Maqroll es uno de esos personajes con los que, inevitablemente, estableces una relación de entrañable amistad.

@sanchezrugeles en Twitter

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