El destierro y la memoria parecen guiar las líneas de Cuando fuimos huérfanos. La memoria y una especie de certeza de tiempos perdidos; de una infancia amurallada por la oscuridad y las preguntas. El protagonista, Christopher Banks, es un célebre detective en la Inglaterra de los años treinta. Sin embargo, tiene una deuda personal pendiente: descubrir por qué y cómo sus padres desaparecieron misteriosamente, quizás secuestrados por la mafia del opio, mientras vivían en Shanghái.

La novela, la quinta del escritor británico-japonés Kazuo Ishiguro, cuenta, desde una prosa que se acerca a las claves de la literatura negra clásica, cómo se construye un personaje desde el destierro y la orfandad. A lo largo de las 401 páginas, el lector descubre en Christopher Banks dos facetas: la del niño que busca explicaciones sobre su historia en China y la del investigador inglés, exitoso e inquebrantable.

Años después, durante la guerra entre los chinos comunistas y el ejército invasor japonés, Banks decide aceptar una misión en Shanghái, que se convertirá en la excusa para hallar a sus padres. Allí se adentra en las atrocidades de la China de esos años, se reconoce como huérfano y comprende la necesidad de la memoria para la reconstrucción de su pasado. Un pasado en el que su entrañable amigo japonés, Akira, será pieza fundamental del drama.

Con esta quinta novela, publicada por  la editorial Anagrama, Ishiguro no sólo describe a las sociedades inglesas y orientales. También, y quizás sea esto lo fundamental, devela la corruptibilidad humana a partir de un tejido narrativo único. Como apunta la escritora norteamericana Joyce Carol Oates: “Cuando fuimos huérfanos adquiere la forma de un castillo de naipes de intrincada concepción que se derrumbará en lo inverosímil”.

Tal vez esta novela será, para algunos críticos, la que revela el territorio literario creado por Ishiguro. Eso que muchos ya lo reconocen como Ishiguria. Sin embargo, para quienes aún no se adentran en este terreno, Cuando fuimos huérfanos pareciera ser una metáfora de lo inconfundible en el hombre: la soledad y la necesidad de respuestas.

Reseña hecha por: Adriana Romero Puche @adripuche en Twitter

Anuncios