Cosas que los nietos deberían saber no es un libro de autoayuda, aunque su título parece sugerir lo contrario; es la autobiografía de Mark Oliver Everett, cantante de una banda norteamericana de rock alternativo llamada Eels, donde nos cuenta la historia de su vida nada convencional, allí la muerte aparece como testigo de cada uno de sus éxitos dentro del complejo, competitivo, y mágico mundo de la música.

En las primeras páginas nos topamos con su infancia y adolescencia, desarrollando sus días dentro de un ambiente familiar disfuncional. “Mi padre era tan poco comunicativo que yo no lo distinguía del mobiliario”, son palabras lapidarias con las que Mark expone la relación con su padre Hugh Everett III, físico cuántico creador de la teoría de los universos paralelos. El primer y único contacto físico que recuerda haber tenido con él fue al momento de tratar de reanimarlo cuando lo encontró tirado en el piso de la alcoba víctima de un infarto fatal.

Una de los relatos más impactantes del libro tiene que ver con su hermana Liz, la única persona con la que Mark tenía una verdadera relación familiar. Ella era una persona frágil, padecía esquizofrenia y ciertas adicciones, condiciones que la llevaron a cometer varios intentos de suicidio, hasta terminar con su vida el mismo día que Mark firmó su primer contrato discográfico. En otro episodio curioso nos relata su participación en un importante programa radial en Inglaterra el día 11 de septiembre del 2001, espacio en el que realizó un performance de algunos de sus temas para ser transmitidos en vivo. Al comenzar la presentación el programa fue interrumpido para dar la alarmante noticia del atentado contra Las Torres Gemelas y El Pentágono. Al momento, Mark recibió una llamada donde le informaron que su prima Jennifer habia fallecido, ella era una de las aeromozas a bordo del vuelo que se estrelló contra El Pentágono.

Como esas situaciones, se van presentando muchas otras experiencias a lo largo del libro, donde la música se convierte en la luz sobre la tragedia en la vida de Everett, quien conoce la magia y el poder en ella como exponente de todas las emociones, la alegría y la tristeza pueden combinarse sin discriminarse,  la armonía de una buena melodía puede calmar el dolor más profundo.

Everett combina la narración de su vida con fragmentos de las letras de sus canciones, dándole pistas al lector, para mostrar que las adversidades son su fuente de inspiración.

También nos hace partícipes de lo que ocurre en la carretera durante sus giras; los encuentros tras bastidores; anécdotas de sus amores y amistades; su infancia y el contacto con su ídolo Tom Waitts que, en mi consideración, son los momentos más frescos del libro.

Punto resaltante es el ritmo de narración, una vez iniciada la lectura es imposible despegarse. ”En mi familia inmediata nadie parece vivir demasiado. Pero yo todavía ando por aquí; tal vez sea la excepción”. A pesar de tener a la muerte como protagonista, la prosa amable de Everett la matiza de colores brillantes, mostrando lo mucho que se debe valorar la vida, que puede ser corta, a veces injusta e implacable pero, por momentos,  piadosa y amable.

Siempre que no estaba escribiendo o grabando me sentía muy triste.  La música lo salva de la autodestrucción, su dolor encontró el refugio para sanar sus heridas dentro de la composición y ejecución de instrumentos;  sus penas se traducen en acordes y melodías que no sólo han sido de ayuda para él, también hoy en día sirven de estimulo para aquellos que buscan desahogo y entendimiento a su vida diaria.

He leído muchas biografías de estrellas del rock pero ninguna tan humana como la que Mark Oliver Everett nos ofrece. Aunque Cosas que los nietos deberían saber es una historia triste también es un llamado de atención para aquellos que aún estamos vivos. Es un libro que ha despertado muchas cosas en mí, en las que debo pensar, para bien, sin duda.

Les recomiendo que acompañen su lectura escuchando la discografía de Eels; leer el relato autobiográfico del hombre con la voz melancólica tras los parlantes es una experiencia alucinante.

Reseña hecha por:Jonathan Bustamante, @LectorMetalico en Twitter

Esta reseña fue publicada originalmente, en el suplemento: Papel Literario de el diario El Nacional el dia 11 de febrero de 2012.

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